Se dice que cuando el río suena, agua lleva. pero Lo del Inaga, no es que suene, es una auténtica tormenta con rayos y centellas. Una auténtica vergüenza de un órgano que está para fiscalizar las actuaciones en la naturaleza, pero hace de coladero para los ricos y poderosos. Ya es de dominio público y ahora se suma el Tribunal de Cuentas.

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