
Los que tenemos la suerte de conocer y disfrutar el embalse de la Sotonera lo tenemos claro. Es un espacio a proteger tanto por la riqueza natural que alberga, como por ser un magnífico lugar de disfrute.
Este espacio natural no es obra de la propia naturaleza, sino de la intervención humana. Se trata de un embalse creado para guardar agua de riego en un completo y complejo sistema de presas, canales y acequias.
Junto con el canal de Monegros, constituye una pieza clave de los regadíos aragoneses que permiten una gran productividad agrícola en territorios áridos. Un magnífico proyecto de principios del siglo XX, reivindicado por Joaquín Costa y que tras muchas vicisitudes, 50 años después se puso en servicio.
Una obra ingente de cuatro kilómetros de escollera para embalsar 1.840 hectáreas a su nivel normal máximo de explotación, o dicho de otro modo 18,4 km², aunque en situaciones extraordinarias de llenado puede alcanzar las 2.221 hectáreas.
Como muchas intervenciones del hombre, tuvo alguna consecuencia no buscada que, en este caso, ha resultado ser beneficiosa. Se trata de la creación de un refugio para las aves en una zona que podía considerarse como desértica, donde sólo brotan plantas de secano.
Desde 1968 año en que se produjo el llenado total, numerosas especies de aves encontraron en este lugar el oasis que necesitaban: agua, alimento, arbolado para sus nidos, incluso isletas donde criar sin ser molestadas por el hombre. Algunas especies migrantes descubrieron un nuevo lugar donde hacer escala en sus idas y venidas buscando el mejor clima. Otras especies aclimatadas a esta tierra la convirtieron en su lugar de residencia.
Y así poco a poco, se ha creado un hábitat para las aves donde se contabilizan hasta 75 especies distintas, entre las que destacan la grulla común, aguilucho lagunero, garza real, garza imperial, garcilla cangrejera, ánade real, cormorán, abubilla común, milano negro y muchas otras más. Ello ha supuesto su catalogación como Zona de Especial Protección para las Aves, ZEPA ES0000290 de la Red Natura Europea. Por desgracia, una figura de protección poco respetada.
Por ello pensamos que merece un mayor reconocimiento y protección. Incluso desde una visión economicista, debe rentabilizarse como zona de atracción para el turismo ornitológico, instalando algunos miradores más en lugares de escaso o nulo tránsito y promocionando el centro de interpretación de Montmesa.
La Sotonera se parece mucho a la Laguna de Gallocanta, en cuanto al hábitat de aves y territorio que lo rodea, aunque evidentemente su génesis es totalmente diferente al ser un lago endorreico y la mayor laguna salada de Europa, mientras que La Sotonera es artificial. Pero son similares en cuanto que en ambas habitan, recalan, nidifican e invernan, gran variedad de aves.
Sin embargo, lo que les diferencia diametralmente es la actuación de la administración regional. Gallocanta cuenta además de la protección como ZEPA, también como Zona de Especial Conservación (ZEC), Reserva Natural Dirigida de Aragón, Humedal Ramsar de Importancia Internacional y Refugio de Fauna Salvaje. Todo ello hace que se promueva desde la administración como turismo sostenible y haya un trato especial de cuidado y promoción.
Todo esto viene a colación, de que este verano se pretende realizar en este espacio tan singular, un macro concierto de cuatro días de duración a orillas del embalse, con cuatro escenarios, y una asistencia prevista de hasta diecinueve mil personas. Lo que supondría un auténtico desastre por cuanto todos conocemos el volumen sonoro de los equipos de música, y lo que supondría para las aves en época especial de nidificación y cría. Es una lástima que España todavía no cuente con una ley de protección sonora, como otros países europeos.
Por no hablar de que el lugar no cuenta con infraestructuras para tanto movimiento de vehículos y personas. Baste con recordar la carretera de acceso desde Almudevar, que es estrecha y peligrosa al estar pegada al canal y sin protecciones. Y en realidad ni siquiera es una carretera, sino un camino asfaltado de la Confederación Hidrográfica del Ebro. No hay tampoco zonas de aparcamiento, y en pleno verano la maleza y el rastrojo están muy secos, convirtiéndose en un potencial peligro de incendios.
¿Se imaginan que ese concierto se realizara en Gallocanta? Lógicamente no se hubiese permitido. Pues lo mismo pedimos para La Sotonera. Esperemos profesionalidad en el Inaga, órgano competente en medio ambiente y no resoluciones políticas. De autorizarse, ya podrá volverse a realizar en años venideros, con la consiguiente devaluación del espacio natural.
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