Una cruel e innecesaria realidad
Se estima que anualmente se sacrifican cada año en nombre de la ciencia
alrededor de 400 millones de animales para someterlos a las torturas más
impensables e inhumanas, y eso contando que la cifra ha ido disminuyendo en los
últimos 25 años.
Para empezar, y antes
de nada, hay que dejar claro que la experimentación animal constituye un claro
y evidente error metodológico, ya que no se puede extrapolar los resultados
obtenidos en un ser vivo a ningún otro, incluso a veces ni de la misma especie.
Alimentos que son tóxicos para el hombre, sirven de alimento a otras especies;
medicamentos que utilizamos nosotros a diario, matan a otras especies animales.
Así, los experimentos realizados en, por ejemplo, un perro, no pueden ser
válidos para una tortuga, un asno, un delfín, una gallina ni para el Hombre.
Esto es válido para los experimentos en cosmética, en investigación militar, en
la industria química, en la farmacéutica, etc. Pero claro, si los científicos
los hacen, será que es beneficioso y así nos quedamos con las conciencias
tranquilas. Por cierto, que los términos beneficioso, necesario o incluso
razonable no están bien definidos cuando de vivisección se habla. Y la palabra
vivisección (seccionar en vivo) tampoco está muy bien vista por los defensores
de éstas cruentas prácticas.
La American Medical
Association (AMA) publicó en 1989 una lista de directrices internacionales con
el objetivo de descalificar y neutralizar el movimiento antiviviseccionista, de
la que extractamos algunas significativas palabras: “A fin de vencer al
movimiento para los derechos de los animales hay que empezar a suprimir las
diferentes capas de apoyo, aislar a los extremistas del gran público y reducir
el número de sus simpatizantes”. “Identificar a los defensores de los animales
como siendo contrarios al progreso científico y médico”. “Desarrollar
procedimientos para responder al abuso potencial de animales de laboratorio con
el fin de que el público confíe en los investigadores”. “Desarrollar una
fundación para la salud de los animales de laboratorio con el fin de alejar
estos fondos de las sociedades protectoras de animales y recuperar fondos para
apoyar la investigación crítica en los animales de compañía y en los animales
de laboratorio”.
Así las cosas, Milly
Scharmanzoli, en su Le veau d’or dice: “Los antiviviseccionistas son objeto de
campañas difamatorias destinadas a restarles cualquier credibilidad y
aislarles. Así es como la industria químico-farmacéutica protege sus
intereses.”
MEDICINA,
FARMACEUTICA, Y ANIMALES
Los expertos
cirujanos, desde luego no han aprendido su profesión experimentando con
animales. Por ejemplo, la composición y disposición de los órganos es diferente
en los animales que en el ser humano, así como también lo son los diferentes
grados de resistencia de los tejidos y las reacciones postoperatorias son
también dispares. Las condiciones psicológicas del paciente después de una
operación son en ocasiones decisivas para su vida o muerte.
Los transplantes de
órganos, tras años de experimentación con animales, fueron un tremendo fracaso
en sus comienzos (los transplantes de riñón fueron de los más exitosos y aún
así sólo tuvieron apenas un 2% de éxito). Si ahora los transplantes de órganos
tienen un porcentaje de éxito mucho mayor no es gracias a la experimentación
con animales sino a la aplicación de técnicas de investigación que no necesitan
el empleo de animales, como la anatomía y las autopsias de cadáveres humanos. Tampoco
la inmunología en el ser humano tiene nada que ver con las reacciones de los
animales. La Humanidad tendría que haber renunciado a muchos descubrimientos
farmacéuticos si hubiera empezado a experimentar las nuevas sustancias con
animales: así, la Aspirina por ejemplo, provoca el nacimiento de ratas
focomélicas y los gatos no la toleran, mientras que es inocua para la especie
humana. Otro de los muchos ejemplos lo tenemos en la Penicilina, mortal para
las cobayas.
Asimismo, la
experimentación con animales para el desarrollo de medicamentos, a causado al
extrapolarlos al Hombre por no producir efectos negativos en aquellos, entre
otros: 12.000 víctimas de la talidomida, 30.000 víctimas del clioquinol, 10.000
víctimas de la fenilbutazona y decenas de miles del phenacetinum, de la
estreptomicina, del aminofenazol, del cloranfenicol, del opreno, de la
reserpina, del stalión, del eraldin, del flosinto, primacor, isuproterenol,
etc.
La experimentación
animal también retrasó más de doscientos años las transfusiones de sangre. Y
los enfermos de corazón seguramente no saben que han esperado diez años más de
la cuenta para poder beneficiarse de la Digitalina, pues fue declarada tóxica
en 1911 debido a los experimentos efectuados en animales. Lo mismo ocurre con el
cloroformo, utilizado tardíamente en las personas porque para los perros es
terriblemente tóxico.
Aparte de que, como
hemos dicho, no se puede comparar el cuerpo de un ser humano con el de un
animal (en general el de un animal de una especie con el de otra) y que cada
organismo reacciona de forma diferente según sus condiciones físicas, las
enfermedades producidas en un laboratorio a los animales son provocadas y por
lo tanto, artificiales, difiriendo de las producidas en la realidad: si se
indaga sobre una enfermedad manipulada, se obtienen resultados manipulados. Por
otro lado, el estrés y la angustia a los que están sometidos los animales para
experimentación son tremendos, lo que indefectiblemente altera las reacciones.
Diremos pues, que el anti-viviseccionismo científico no solamente aspira a la
protección de los animales, sino, sobretodo, a la protección de las personas.
Como dato, diremos que
todas las enfermedades por las que la investigación médica y farmacéutica ha
sacrificado mayor número de animales, han aumentado. Un incremento del 300% en
muertes por enfermedades cardiovasculares, un 700% en las muertes por cáncer de
próstata, o un 10.200 (¡sí, diez mil doscientos por ciento!) en aumento de
artrosis, por ejemplo, lo confirma. Se puede afirmar, por ende, que enfermedad
y mortalidad en el ser humano aumentan en proporción directa al uso de animales
en la investigación. Otro ejemplo lo tenemos en los medicamentos basados en el
clioquinol, que combatían en animales la diarrea y las enfermedades intestinales
y que en humanos causó 3.000 muertes y decenas de miles de casos de ceguera y
parálisis.
Según el profesor
Ferdinand Hoff, ex_director de Clínicas Universitarias de Würzburg y Graz y del
Hospital de Aquisgrana, el 60% de todas las enfermedades se debe al empleo de
medicamentos desarrollados y probados en animales. La periodista Milly
Schär-Manzoli también se muestra tajante: “La historia de la medicina
experimental es una larga serie de estafas, de enormes errores camuflados como
éxitos, de descubrimientos hechos con métodos que nunca han necesitado animales
y que son oficialmente atribuidos a la vivisección, de falsas glorias y
vergonzosas mentiras”.
El Test de Draize (que
debe el nombre a su inventor, John Draize) se utiliza para probar las sustancias
(generalmente cosméticos) en los ojos de los conejos. Existe una variante de
éste test, aplicada en la piel, que tras ser afeitada y despegada hasta dejarla
en carne viva, se le echa la sustancia.
Existen muchas
técnicas para no recurrir a la experimentación animal: cultivos de células y
tejidos humanos (que ya la Organización Mundial de la Salud aprobara para
reemplazar el uso de ratones hace casi 25 años), eytex y skintex, cromatografía
de gas, espectometría de masa, análisis con predicciones hechas con modelos
matemáticos, informáticos, cibernéticos, espectrofluorómetro, farmacología
cuántica, LAPS, etc. y por supuesto, medios audiovisuales y bases de datos para
evitar experimentos repetitivos e innecesarios. Pero, entonces, ¿por qué se
sigue realizando?
UN OSCURO NEGOCIO
Cada año, 500
medicamentos con los cuales se había experimentado en animales, son retirados
del mercado por sus efectos secundarios en los Humanos o su poca fiabilidad.
Cuando se pretende
lanzar un producto nuevo, muchos países exigen que haya sido previamente
experimentado con animales. En ocasiones, si un producto es retirado por causar
daños a seres humanos “no previstos” en los experimentos, puede ser retirado
del mercado. Y en numerosas ocasiones, la empresa vuelve a repetir las pruebas
con animales para poder sacar legalmente el producto de nuevo pero con otro
nombre.
A veces se ha
constatado la manipulación de los resultados de las pruebas con animales por
parte de las industrias farmacéutica y cosmética. Para evitar esto y cuidarse
de las condiciones de los animales, existen inspectores que por número, y
haciendo cuentas, en algunos países pueden visitar cada laboratorio una vez
cada cuatro años (¡menudo control!). Y aunque parezca increíble, se ha
demostrado en repetidas ocasiones que algunos de ellos son vivisectores.
La experimentación
animal mueve miles de millones cada año, y en ella se ven involucrados desde
las compañías dedicadas a criar (o a malcriar mejor dicho) animales para ello
hasta los “científicos” que experimentan, pasando, por ejemplo, por empresas
dedicadas a la fabricación de los dispositivos de tortura o compañías aéreas
importantes que colaboran en los envíos.
En la industria
química se evita usar los métodos sustitutivos que existen, mientras estimula
las financiaciones para descubrir nuevos métodos sustitutivos que, por
principios, jamás serán empleados. Con esta táctica privan de subvenciones a
los protectores de los animales.
Además, se habla de
métodos “alternativos” y no “sustitutivos”, cuando algo “alterno” no significa
ningún abandono de nada.
Vernon Coleman, en su
por qué debe de cesar el genocidio de animales dijo: “En un mundo futuro y más
avanzado, se contemplará la vivisección como una de las prácticas más obscenas
e inexplicables de nuestra era; es nuestro equivalente a la esclavitud y al
cruel colonialismo, y aquéllos que rehusen condenarla abiertamente serán tan
culpables como los mismos vivisectores a los ojos de las generaciones futuras”.
Y por supuesto, no lo
olvidemos, cuando pagamos nuestros impuestos, estamos pagando experimentos con
animales. Los vivisectores los llaman “animales de laboratorio”, pero en
zoología no existe esa especie; es otra de las falacias inventadas por los
vivisectores.
No quiero acabar sin
decir que solamente el 10% de las investigaciones en todo el mundo en animales
se dedican a la sanidad. El resto se lo reparten casi todo entre la
cosmetología y la industria armamentística (un 60%).
En nuestra lucha
contra la vivisección es importante reconocer claramente a nuestros enemigos:
la falta de información del público en general, el silencio de los medios de
comunicación, la tolerancia de los gobiernos, la indiferencia de los
ciudadanos... y los grandes poderes financieros de los laboratorios químicos y
farmacéuticos.
Si los animales un día
vuelven a tener confianza en los hombres, el hombre volverá a tener confianza
en sí mismo.
Texto: Carlos Gutiérrez Tutor
CÓMO ESTÁ EL ASUNTO
- 1986: se adopta el
Acuerdo del Consejo de Europa para la Protección de Animales Vertebrados
Utilizados con Fines Experimentales y Otros Fines Científicos/ Aprobación de la
Directiva Europea 86/609/CEE sobre la armonización de las leyes, regulaciones y
provisiones administrativas de los Estados Miembros respecto a ¿dicho acuerdo?
- 1992: la Comisión
Europea adopta el Quinto Programa de Acción Medioambiental, que incluye el
objetivo de reducir en un 50% para el año 2000 la cifra de experimentos con
animales (aunque no dice cómo) que incluía la creación del Centro Europeo para
la Validación de Métodos Alternativos (ECVAM), aunque los Estados Miembros
parecen haber olvidado su compromiso.
- 2002: el Parlamento
Europeo aprueba la prohibición de comercializar productos cosméticos en cuyo
desarrollo se haya experimentado con animales, aunque no comenzará a aplicarse
hasta dentro de cinco años.
En España la
vivisección comienza legalmente en el año 1950, cuando se funda en el Centro de
Investigaciones Biológicas el "servicio de animales de
experimentación", aunque sabemos que ya en los años treinta se realizaban
transplantes de cabezas en perros vivos en hospitales públicos de Madrid.
Actualmente se estima que doscientos mil animales mueren cada año en España
debido a la vivisección.
De los animales
utilizados para experimentación en Europa, el 60% es destinado a pruebas de
cosmética, el 30% a pruebas militares y un 10% para sanidad.


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