Festejos sangrientos

Normalmente utilizamos el término de "animalada" como sinónimo de salvajada, bestialidad o disparate. Pues bien, no existe otro contexto en el que esta palabra pueda ser usado con más acierto que cuando definimos las torturas que sufren algunos animales en las fiestas populares que jalonan nuestra geografía con la única excusa de "pasar un buen rato" o de cumplir con una dudosa tradición. Y es que, en este país, damos muestra de nuestra inagotable imaginación usando todas las técnicas imaginables para maltratar a todo tipo de animales para pasarlo bien. Lo peor es que, en la mayoría de las ocasiones, los ayuntamientos o autoridades competentes (¿?) no sólo autorizan, sino que organizan y subvencionan con el dinero de todos estas atrocidades, con la excusa de "darle a la gente lo que quiere". Y en algunos casos, hay gente que verdaderamente disfruta con estos festejos, ya que incluso algunas cadenas de televisión incluyen en algunos de sus programas (por suerte de mínima audiencia) reportajes de estos espectáculos, llenando de sangre, morbo y crueldad los hogares de nuestro país.

El espectáculo más habitual es aquél que se mueve alrededor de un toro, becerro, cabestro o vaquilla, al que se le somete a todo tipo de vejaciones, desde los encierros hasta las corridas, pasando por los toros ensogados y embolados o los roscaderos y recortaderos. En algunos pueblos son algo más imaginativos (y crueles) y cada año se esfuerzan en buscar la novedad en el maltrato animal. Nacen así espectáculos como el fútbol-vaca, el toro al agua o las vaquillas con espuma. Estos espectáculos, algunos de los cuales podemos "disfrutar" a muy pocos kilómetros de nuestra ciudad, incluso en ella, a pesar de que sus organizadores y defensores aseguran que el animal no sufre, los toros y las vaquillas sufren todo tipo de abusos físicos y psicológicos. Vaquillas pariendo en la calle mientras son degolladas por los mozos del pueblo o toros recogidos por excavadoras después de más de tres horas de encierro son algunos de los casos que demuestran que el animal en verdad sí sufre y mucho con estas atrocidades. Y es que, la labor de un toro o vaquilla no termina con las fiestas de un pueblo, sino que para rentabilizar económicamente su sufrimiento, el animal es llevado por todas las fiestas de los pueblos cercanos, donde sufre castigos similares y repetidos hasta su muerte o desfallecimiento definitivo.

Pero es que aun podemos encontrar espectáculos más bochornosos: en Tordesillas (Valladolid) todos los meses de septiembre un toro es encorrido por la vega del Duero por multitud de mozos y jinetes armados con lanzas, y el premio para el que consiga son los testículos del animal, con los que el nuevo héroe local podrá pasearse por el pueblo para demostrar su hazaña. En este caso, el arma es una lanza, pero cualquier artilugio es útil para acabar con el toro, desde los dardos de Coria hasta los tractores de Ciruelos o Cifuentes (Guadalajara), pasando por las tijeras y cuchillos de Fuentesauco (Segovia) o Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Atravesar, aplastar, acuchillar: cualquier cosa vale; incluso en las fiestas del Pilar (Zaragoza) el toro de fuego se ha convertido en una de las estrellas de las fiestas. La gente jadea al toro, condenándole a morir quemado o sobrevivir cegado de por vida para hacer felices por un rato a unos cuantos.

Sin embargo no es la de los toros y vaquillas la única sangre que se derrama en las fiestas de nuestros pueblos. La práctica de decapitar aves (gallos, gansos o pavos) colgadas boca abajo de una cuerda o enterradas en el suelo se ha extendido por muchos pueblos de Castilla La Mancha. También se usan garrotes y piedras para acabar con las aves, pero el caso más vergonzoso es el de Lequeitio (Vizcaya), donde los gansos son atados a un puente, y desde la ría, los mozos en sus traineras se cuelgan del animal para ver quien es el primero que, con su peso, le arranca la cabeza al pobre animal. En otros lugares son los burros, los gatos o los cerdos los que sufren la imaginación y las ganas de "pasarlo bien" de algunos descerebrados. 

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