Adoptar un animal exige menos trámites que adoptar un niño como
es lógico. Sin embargo no exime de un periodo de reflexión y de la toma de una
decisión responsable.
Se trata de un ser vivo con sus propias necesidades. Pero además
puede crearte una serie de problemas que debes resolver de antemano. Sólo son
adoptables los sanos. Es falso que sean animales enfermos, contagiosos,
agresivos o viejos como algunos comerciantes tratan de hacer creer para
eliminar competencia.
Cuando hayas elegido, deberás abonar una tasa en el caso de los
Centros de la administración. En los refugios no hay tasa, aunque las
exigencias de las entidades suelen ser mayores. Posteriormente deberás
vacunarlo, censarlo e identificarlo.
Elige con responsabilidad: los animales no se cambian. No son
objetos sino seres vivos que además crearán su ; vínculo de afecto con las
personas con quienes vive. Si no tienes experiencia de convivencia con animales
sería bueno adquirir un libro sobre sus costumbres, cuidados, cómo educarlos y
problemas que puedan presentarse.
Una vez adoptado procura una educación libre de castigos físicos
y humillaciones. Evita el trato tiránico hacia el animal. Debe respetarte pero
nunca temerte. No lo conviertas en un ser agresivo, pero tampoco en un payaso
de esos que hacen ejercicios antinaturales.
Enséñale cosas más prácticas: a caminar junto a ti, a parar en
los cruces, a convivir con otros animales sin perseguirlos ni atacarles,...
Tenla en libertad el mayor tiempo posible. No debe permanecer enjaulado o
encadenado. Los animales adquieren pautas de conducta de sus propietarios y en
su carácter se reflejará el tuyo.
Si como hemos visto la adopción de un animal debe ser un acto de
responsabilidad es lógico pensar que no es conveniente regalar animales. Sería
tanto como regalar problemas a menos que el receptor participe en su elección.
Nuestros animales son como amigos, y a éstos los elegimos, no nos los regalan.

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