Previo al congreso de Canal Roya se han realizado unas jornadas en la Escuela Politécnica Superior de Uesca, que han pasado desaparecidas para los medios informativos y sin embargo tiene una gran importancia para Aragón y máxime para Uesca.
Se trataba de reflexionar sobre la sostenibilidad de las actividades deportivas en espacios protegidos, en otras palabras, los impactos de estas actividades en el medio natural y especialmente en Parques Naturales e incluso Nacionales.
Organizado por el grupo de restauración ecológica del Departamento de Ciencias Agrarias y del Medio Natural de Unizar, bajo la dirección de la profesora Rocío López Flores, reunió en Uesca los pasados días 16 y 17 de abril un selecto grupo de investigadores y gestores del medio natural, con una nutrida participación de representantes de administraciones aragonesa y catalana, así como personal de Sarga, agentes de protección de la naturaleza, guías de barrancos, escaladores y otros muchos.
Estas jornadas, aunque desconocidas para el público, tienen gran importancia por cuanto se trata de poner en conocimiento y debate los resultados de las investigaciones sobre cómo afectan a los espacios naturales la creciente demanda de actividades en esos medios y las consecuencias de la masificación.
Las jornadas comenzaron con una reflexión del director de la sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo-Pirineos, Alfredo Serreta, recordando cómo han cambiado las actividades con los años, cuando antes realizábamos el descenso por cañones en bañador y nos sorprendíamos de los franceses con sus neoprenos y sus rápeles. No en vano fueron los franceses los descubridores del potencial de nuestros barrancos de Guara. De aquellos pocos a la afluencia masiva actual nos obliga a regular los espacios.
El catedrático Javier Benaya, de la Universidad Autónoma de Madrid, hizo un repaso a sus estudios sobre el impacto de las carreras de montañas y de bicicleta. Recordó que se estiman unos ocho mil millones de visitas en espacios protegidos de todo el planeta por año, tantos como habitantes. Por ello se estudia la carga que tal masificación de público produce y los impactos, clasificándolos como asumibles o no según su capacidad de reparación.
Entre los resultados sorprendentes, que en praderas, las pisadas continuas pueden ser más dañinas que las bicicletas por cuanto compactan el terreno. Que las bicicletas provocan más daño en el descenso que el ascenso, probablemente por los derrapes. Que en ocasiones es preferible que no se sigan un único sendero y que los paseantes se dispersen para evitar la compactación. Las tormentas pueden ser más dañinas. Lo importante es la gestión. Y en cuanto a la cantidad de visitantes hay mucho debate y lo mismo si se debe pagar como en la mayoría de países.
Interesante ponencia de Carlos Iglesias de la Universidad Autónoma de Madrid, sobre el impacto del ruido en el medio natural. Mostró lo que significa paisaje sonoro con un vídeo de la cascada del Sorrosal en Broto, esa que deja encandilados a los visitantes por su geología, su caudal y sobre todo por su sonoridad. Eliminando el sonido del vídeo nos quedamos descolocados, le resta emoción y espectacularidad. El sonido también puede ser perturbador del medio, alterando la vida y la reproducción de los animales como reflejan los estudios. Este es un tema poco analizado por las administraciones y falta absoluta de regulación.
Pablo Tejero del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC expuso una experiencia piloto en la que, en vez de prohibir escalar en unos determinados roquedos, propuso a escaladores colaborar en repoblar las paredes con simientes de plantas que sólo existen en seis lugares del mundo, y sirvió para comprender el por qué de las regulaciones en la escalada. Abogó por la cohabitación de deportistas y conservacionistas con la debida información.
La doctora Rocío López abordo la compatibilización entre ocio y conservación en los barrancos. En sus investigaciones comprobó que el impacto es mayor del pronosticado y con menos visitantes, lo cual lleva a la conclusión de que a partir de una cantidad de visitantes ya no hay diferencias de impactos y por tanto se ha llegado a la saturación.
Las zonas perturbadas necesitan al menos dos meses de recuperación funcional, y sólo con el confinamiento por la covid en 2020 se logró la recuperación del medio en un 90%. Las afecciones son fundamentalmente en invertebrados acuáticos, pero también a toda la fauna que en los meses de más calor no pueden acercarse a beber a los barrancos por estar ocupados, cambiando sus hábitos hasta el anochecer.
Javier Gómez-Limón de Europarc España por su parte relato la elaboración de una guía de buenas prácticas en carreras de montaña y la puesta en marcha de una certificación para las carreras que cumplen unos importantes requisitos. Se estima que en España son unos 900.000 corredores en cerca de 2.000 carreras al año, aunque la tendencia es a la baja ya que los deportistas eligen las carreras de más renombre.
Las condiciones de la certificación son tan elevadas que hasta la fecha tan sólo nueve lo han logrado, dejando en evidencia a los organismos autónomos de sus deficientes evaluaciones ambientales a la hora de conceder los permisos.
Salvador Parra, Director del Parque Natural Cabo de Gata expuso los problemas que tienen los gestores de los espacios naturales, y aunque en su caso se ve reforzado por el político de turno, no es ni lo habitual, ni garantía de futuro. Trabajan con escasez de recursos, lo que les obliga a buscar financiación a través de proyectos. Igualmente, infradotados de personal y de medios para ejercer la vigilancia, máxime en su caso donde parte del parque es marítimo. Por el parque pasan carreras, pero ni comienzan ni terminan en su interior evitando la afección acústica y la masificación de público.
Por último, intervino Marco Marrosu, investigador de Agris-Agencia Regional de Investigación de Cerdeña. Narró las similitudes con las actividades deportivas en su isla, los problemas de masificación y sin embargo la falta de regulación, que conlleva actuaciones irregulares o directamente ilegales como equipar vías de escalada, ferratas, y otras incluso en Parques Nacionales que luego tienen que retirar las autoridades.
Las jornadas concluían con una salida práctica al campo en el Parque natural de la Sierra y Cañones de Guara, visitando la escuela de escalada y zonas de barranquismo, todo ello bajo la dirección del técnico responsable del parque David Guzmán.
La mesa redonda final verso sobre todo por la posibilidad de cobrar por entrar en los espacios protegidos como hacen la mayoría de países con sus parques. En conclusión, podemos decir que se conocen los impactos provocados por la masificación El diagnóstico está hecho, aunque se continúa con nuevos estudios. Lo que hace falta es gestionar, y gestionar mejor. Y una labor de concienciación tanto al público general como a los responsables políticos.


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